Relatos
Sin Comentarios Apogeo
El sol es rosa. El viento, violeta. El sonido de mis besos oscila entre la segunda y la tercera octava. A veces son sostenidos. Otras, bemol. Y con mucho frenesí se convierten en becuadro.
La lengua lengüetea. Los dientes, dientan. Mi cerebro libera Oxitocina en el flujo sanguíneo.
Si es invierno las flores me saben a hojalata. Y la nieve, a algodón. Suelo encoger los hombros y presionar todos los músculos de mi cuerpo entre ellos.
En verano, arrastro los pies descalzos. Me relajo cuando tengo calor. Abro los poros de la piel. Cierro los ojos. Me dejo seducir por el vaivén de las olas. Por el canto de un ave que encuentra a su amada desencadenando su instinto.
Me gusta lamer el hierro. Manosear gelatina con el dedo corazón y rozar mi dócil mejilla contra otra más áspera que la mía. Besar la pequeña cavidad supralabial encajando mi nariz en su lagrimal. E inspirar fuerte. Exhalar hasta expulsar cualquier soplo. Hiperventilar. Marearme.
Con las uñas repaso los recovecos más desusados del cuerpo humano. Las cutículas y pieles mordisqueadas tropiezan y provocan cosquillas. Siento la temperatura. La humedad. El sudor de la decisión provoca una capa deslizante entre los dos. Y patinamos sin patines. Y volamos sin alas.
Cierro los ojos de nuevo y siento sus huellas dejar rastro en mi torso. Pruebas incriminatorias de sensaciones y pasiones infinitas. Orgía de sabores. Desenfreno de fragancias. Gradación. Apogeo. Clímax.
(…)
Vuelvo al mundo. Respiro como siempre. Pero como nunca. Estoy inmóvil. Paralizada. Distendida. Inmortal. Lentamente muevo mi mano derecha sin mirármela. Y con las yemas…con las yemas… con las yemas…
Con las yemas acaricio mariposas.
Escrito por: Andrea Gusart
Ilustrado por: Cinta Vidal

