Archive from enero, 2012
ene 30, 2012 - Relatos    2 Comentarios

Orgasmo de un despertador

Podría pasarse las noches buscándola en sus sueños. Noche tras noche, sueño tras sueño, hasta que ella aparecía de la nada y lograba que él quedara completamente engatusado de su mirada. Sus ojos verdes parecían tener un brillo más intenso cuando quedaban desnudos ante la luz de las estrellas, sus delicadas pestañas parecían formar un aleteo de oscura mariposa y su profunda mirada podía llegar a convertirse en infinita cuando ésta chocaba con la de su enamorado. Ambos quedaban de pie, en frente el uno del otro, mirándose y seduciéndose sin utilizar palabras. Ella parecía tímida. Él, simplemente, deseaba probar el sabor de sus labios. Entre la niebla espesa que creaba la noche, bajo un cielo estrellado y rodeados de notas musicales que imitaban el sonido de un piano bien afinado permanecían mirándose hasta que, como cada noche, él decidía comenzar a caminar hacia aquella infinita mirada.



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ene 25, 2012 - Relatos    Sin Comentarios

El camino negro

La madre estaba contenta. El parto había ido más rápido de lo que pensaba a priori y su hijo parecía lleno de salud. Aunque húmedo, aprendiendo el difícil arte de respirar y asumiendo que no podría regresar a aquella guarida tan calentita donde no le faltaba nada, abría sus ojos negros y la miraba fijamente, como pidiéndole, rogándole, que no lo dejara solo, indefenso como estaba. Si su padre no hubiera muerto, sería más fácil, pero había que seguir adelante. La fuerza que le proporcionaba esa mirada era inmensa y, como todas las madres, se juró a sí misma protegerlo con la vida, si fuera necesario. El tiempo pasaba y el hijo crecía. Fuerte y sano, como su madre. Después de descubrir que había otras cosas para comer que no eran leche materna y que, además, algunas eran aún mejores, llegó la hora de los primeros pasos fuera de casa, con los demás. No tardó en hacer amigos. Era juguetón y travieso, y pasaba horas y horas corriendo y saltando por los alrededores.

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ene 23, 2012 - Relatos    1 Comentario

Las ruinas de Disneylandia

El signo externo se vuelve costumbre, cubriendo con un velo el sonido interior del símbolo

Kandinsky, El Punto, VI

 

Estudio las mejores estrategias para evitar al peluquero. Ya no me apetece cortarme el pelo. Lo amaso detrás de la oreja, me pudro en el sofá. Miro la televisión. Las puntas crecen dispersas, se enredan y rizan y dentro de poco podré hacerme una coleta. Cambio de canal a menudo, me gusta acumular cosas que duren poco, fotogramas inquietantes y desnaturalizados que podrían significar cualquier cosa. Fuera de contexto he contextualizado, he adivinado el antes y el después de una trama: no necesito que las cosas cumplan su ciclo. Prefiero que cesen sin la gracia natural del acabamiento. Pienso que la barba también debería dejarla crecer a lo largo. ¿Por qué hay que cambiar los calcetines si apenas camino ya?

Este es mi contexto: ella se fue de casa anunciando que iba a comprar el pan y no volvió. Ayer, después de cincuenta horas mirando la televisión, la volví a ver. Ha sido contratada como mujer del tiempo. Ahora anuncia lluvias persistentes y ofertas de ajuares funerarios para la próxima catástrofe natural. Su mirada pixelada es más agresiva en su confusión digital; marca con una cruz Cataluña, lugar de su despecho, y se complace en anunciar el diluvio sobre el barrio de Gracia y la destrucción de mi casa.

Los ciudadanos de Cataluña sufrirán espasmódicas intermitencias en el servicio eléctrico, sonadas inundaciones apocalípticas y el naufragio total de su gobierno nacionalista.

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ene 19, 2012 - Relatos    2 Comentarios

La entrevista

Cuando me llamó y me ofreció trabajar para ellos casi me da un patatús.

Trabajar como secretaria para los taxistas desde luego no era el plan más maravilloso, ni siquiera era un plan. Era una putada.

¿Acaso los taxistas saben lo que es una secretaria? Mis dudas tenía y la imagen social de los taxistas, rudos como poco, no aplaca mis emociones.

Pero el trabajo me hacía falta así que accedí a ir a conocerles. Me enseñaron que nunca debes quedar mal con nadie, no sabes si algún día les necesitarás (sabio consejo de un jefe que tuve en mi adolescencia).

La noche anterior una cantidad de prejuicios me asaltaron. Incluso recuerdo que soñé que intentaba hacer la entrevista y el señor con el que hablaba, por supuesto taxista, calvo y barrigón, no entendía mis palabras y yo me esforzaba y me esforzaba en buscar otras formas de hacerme entender pero no había manera. Tenía un puro en la boca y yo intentaba no respirar ese olor que me produce arcadas, casi moría en la entrevista.

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ene 16, 2012 - Relatos    3 Comentarios

Orgasmo de un pintalabios

Todas las noches abandonaba su hogar para dirigirse a las lúgubres y solitarias calles de la ciudad. Las noches eran frías y largas, molestas, infinitas e, incluso, desagradables. Vivía de noche y vivía de día, un ritmo muy difícil de conseguir pero imposible de dejar o, al menos, para ella. No podía creer en lo que se había convertido, pero todo aquello había nacido de una necesidad y se había convertido en el único medio de supervivencia.

Cuando todos estaban dormidos y en el hogar predominaba el silencio de la noche, se dirigía al baño para vestirse con aquellas ropas escasas y pintaba sus labios con una barra de un color rojo intenso. Ocultaba su secreta apariencia bajo un largo abrigo negro y, como cada noche, se despedía de los suyos para volver a las oscuras calles de Madrid.

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ene 12, 2012 - Relatos    10 Comentarios

Desatinos

Puede que fuera cosa del destino que Marieta fuera a parar a la cafetería donde Ernesto leía plácidamente una novela. Irrumpió en el local hablando a voz en grito por el móvil y arrastrando, con la otra mano, al fruto de sus entrañas cargado con una abultada mochila llena de libros, que debía contribuir a hacer de él un hombre de provecho, pero tan solo había conseguido provocarle una desviación de columna.

Para Ernesto aquella aparición fue un desatino. Aficionado al café, gustaba del placer de la lectura en su cafetería habitual; un lugar de luz cálida, cómodas butacas, gente discreta y música suave. Pero tras la irrupción de Marieta y su criatura, había sido incapaz de pasar página, se distraía en cada coma y perdía el hilo en cada punto y aparte.

Marieta pidió un agua para ella y un zumo envasado para su retoño; de haberse molestado en leer la etiqueta, habría visto que apenas contenía un 4% de zumo de frutas. El chiquillo, que además se ser hijo de aquella mujer, lo era de su tiempo y de una alimentación industrial rica en toxinas y azúcares, padecía un trastorno de hiperactividad con el que torturaba a todo el que tenía a su alcance, excepto a su madre, que se mostraba inmune a su falta de educación y parecía haberse vuelto sorda a los agudos grititos que emitía desde cualquier ángulo de local, reclamando su esquiva atención:

-¡Mamá, mamá, mira! ¡Mira lo que hago, mamá! ¡Mamá…!

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ene 9, 2012 - Relatos    4 Comentarios

Café express

Cumplía con mi rutina habitual: café y cigarro. Eran las 6h y en la cocina las luces estaban medio apagadas para no despertar al resto de la familia,
un perro pulgoso- Karanka- que adopté hace algunas semanas y que tiene unaca pacidad asombrosa para domir; me recuerda a mi abuelo, un adorable
anciano con narcolepsia no diagnosticada. En la cafetera caía gota a gota la vitamina negra que me despierta cada mañana con su efecto laxante. En
ese momento recibí un mensaje: “Hola soy Lola y sé tú futuro, llámame al 806. Otra tarotista. Al rato, cuando llegaba al último suspiro esa cápsula
que venden a precio de oro, me llamó ella. ¿Qué hago? ¿Contesto o finjo que dormía?. Finalmente respondí a la llamada: -“Hola?”– “¿Qué pasa guapo?”

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ene 5, 2012 - Relatos    Sin Comentarios

Por la mañana

Con esa sonrisa bobalicona del que lleva en sangre unas diez o doce cervezas más de la cuenta y ha conseguido burlar a las autoridades de Tráfico, Emilio conseguía que la maldita llave copulara con el orificio de la cerradura. El orgasmo trajo los efluvios del pis de gato (ya era hora de cambiar la arena de la caja) y de la humedad de la época del año, acumulada a base de horas y horas de aislamiento autoforzado…

Coño, una nota en el suelo… alguien la habrá arrojado por debajo de la puerta…

“TE ECHO DE MENOS, MI AMOR… VINE Y NO ESTABAS”

El rotulador empieza a fallar… tengo que comprar otro en cuanto me acuerde…

Con esa mueca estúpida del que se sabe descubierto en su “mismidad”, Emilio se quitó los zapatos sin agacharse y se tumbó en el sofá tapándose con su manta favorita y con el trozo de papel aferrado al pecho. Prendió el último cigarrillo y lo aplastó contra el cristal del cenicero a la tercera calada.

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ene 2, 2012 - Relatos    Sin Comentarios

Distorsiones

A Ramón nunca le había tocado la lotería de Navidad; el único premio que había recibido en su vida era una nariz ganchuda, salida del bombo de su madre y del de la lotería genética.

Se miró al espejo, ahí estaba ostentosa, precediéndole ante el mundo, restándole siempre protagonismo; un excedente de milímetros que de haber sido corredor hubiera supuesto una ventaja competitiva, favoreciendo la aerodinámica de su rostro y anticipando su llegada a meta. Pero su único objetivo en este momento era llegar a Reyes con el ánimo intacto y sin dejarse impregnar en exceso por el espíritu “naviñoño” que este año se le antojaba de un dulce superlativo y le estaba tocando el apéndice nasal.

Seguía contemplando su imagen cuando, de repente, sintió un fuerte picor en la nariz y, acto seguido, la fuerza de un estornudo desplazaba violentamente su rostro hacia adelante, haciéndole impactar contra el espejo.

Horas después, en el servicio de urgencias, un médico con expresión apesadumbrada le comunicaba que tenía roto el tabique nasal. Ramón, sin pensarlo dos veces, se le colgaba del cuello y con lágrimas en los ojos repetía:

-¡Gracias doctor, muchísimas gracias! ¡Soy feliz!

“Será la Navidad” reflexionó para sí el doctor, quien sin entender demasiado trataba en vano de desprenderse de aquel abrazo espontáneo cuyo origen atribuyó al espectro navideño que se le antojó más pringoso de lo habitual.

¡Felices Fiestas a todos! (Con unas gotitas de limón).

 

Escrito por: Concha Mayo

Ilustrado por: Cristina Ferrer

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