ene 19, 2012 - Relatos    2 Comentarios

La entrevista

Cuando me llamó y me ofreció trabajar para ellos casi me da un patatús.

Trabajar como secretaria para los taxistas desde luego no era el plan más maravilloso, ni siquiera era un plan. Era una putada.

¿Acaso los taxistas saben lo que es una secretaria? Mis dudas tenía y la imagen social de los taxistas, rudos como poco, no aplaca mis emociones.

Pero el trabajo me hacía falta así que accedí a ir a conocerles. Me enseñaron que nunca debes quedar mal con nadie, no sabes si algún día les necesitarás (sabio consejo de un jefe que tuve en mi adolescencia).

La noche anterior una cantidad de prejuicios me asaltaron. Incluso recuerdo que soñé que intentaba hacer la entrevista y el señor con el que hablaba, por supuesto taxista, calvo y barrigón, no entendía mis palabras y yo me esforzaba y me esforzaba en buscar otras formas de hacerme entender pero no había manera. Tenía un puro en la boca y yo intentaba no respirar ese olor que me produce arcadas, casi moría en la entrevista.

El resultado; Desperté desanimada y todos mis movimientos fueron acorde a mi sueño. Mi actitud era la de una persona que jamás se entendería con su entrevistador, la ropa elegida para el evento fue en consonancia con lo que yo creí encontraría; tejanos y camiseta era todo lo que estaba dispuesta a ofrecer. Los trajes son para ocasiones especiales, trabajos con clase, no más clase sino con clase. Esta oferta no aparentaba tenerla, la busqué dos segundos y decidí poner esfuerzo en otra cosa.

Ese día hice todo aquello que habitualmente hacía por las mañanas. Desayunar con mi marido en la cocina, prácticamente a escondidas de los niños a quien seguidamente despertamos e imitan nuestro hábito: Desayunar, lavarse los dientes, la cara, vestirse…por suerte para ellos, van al cole.

En el momento en que me subo al coche en dirección a mi entrevista, no antes, todos los prejuicios se ocupan de joderme los pensamientos.

El sueldo no está mal pero si luego no me gusta, no me podré marchar hasta encontrar otra cosa. Ya llevo un año buscando y no hay ni rastro de ofertas decentes. O eso o las ofertas están tan concurridas que dudo que alguien mire mi cv cuando antes que yo lo han enviado 700 personas antes.

¡Me cago en la crisis que los parió!

La crisis está agotando las fuerzas de todas las personas humildes dando más poder a los empresarios quienes no pierden oportunidad de apretar más sus condiciones. O lo que es lo mismo, pagan menos piden más y como estímulo te piden que lleves los pantalones bajados.

Llego al lugar acordado. Una oficina muy moderna, silenciosa, la mujer que me recibe me hace pasar a una sala donde presumo hacen reuniones.

¡No huele a puro! ¡Saben lo que es una sala de juntas!

Mi barrera prejuiciosa se agrieta.

El local no es ostentoso, no tiene nada que ver con las empresas para las que he trabajado hasta ahora claro que de médicos a taxistas hay un trecho.

A los cinco minutos abre la puerta la mujer que me llamó. No tiene pinta de secretaria, tampoco de taxista pero es lo que es, además de ser la directora de recursos humanos. No recuerdo que se identificara como jefa cuando me llamó. Creo que se presentó por su nombre sin más. Yo deduje lo que me dio la gana.

Es altísima, muy guapa, su melena negra ondulada le cae sobre los hombros. Es diametralmente contraria al hombre con barriga enorme y puro que soñé. Amable y discreta.

Mi boca se abre, mis bragas caen en picado bajo la silla, la mujer ríe y me invita con amabilidad a sorprenderme en voz alta. Con la boca cerrada estoy mejor pero en dos segundos comparto mi impresión.

Mi muro prejuicioso está en ruinas.

Me cuenta todo lo que se mueve detrás del coche amarillo y negro. Confiesa que es un sector muy maltratado que a su vez ha maltratado sobremanera a sus clientes históricamente.

Mi cometido será más allá de facturar, participar en el equipo encargado de establecer una relación mimada entre cliente y compañía.

Ahora siento que toda mi soberbia está bajo mínimos. No sé si seré capaz de desenvolverme en este quehacer. Los taxistas no son tan fieros como los pintan y yo no soy en absoluto mejor que ellos, más bien al contrario.

No es que creyera que era superior ni por haberme codeado con médicos sea más persona, ni más sabia, ni tengo más derechos que ellos. Que va, soy una persona sencilla y desesperada por sobrevivir.

Planteo mi imagen preconcebida a la mujer. Ella se lo toma bien, sabe que es un reto girar la imagen. Ahora ya no se puede fumar en los taxis, a cambio ofrecen wi-fi gratuita a sus clientes, la conversación despierta el interés de muchos porque el taxista no es el que viene de una situación marginal o no sabe hacer otra cosa.

Hay más de vocación en el sector que de obligación.

Me cuesta un buen rato asumir todas estas diferencias. Me siento mal, digo, fatal, por haber juzgado sin conocer las entrañas por guiarme solamente por habladurías…

¡He sido una estúpida engreída!

Me siento culpable.

La mujer debe leer el pensamiento o lleva mucho tiempo encontrándose con personas kafres como yo que se creen mejores.

Acepto el trabajo y estoy más que entusiasmada al poder participar en este proyecto.

Ahora la que siente gratitud soy yo. Me siento orgullosa de ser secretaria de taxistas.

Trabajar con taxistas es una experiencia, como mínimo, curiosa. Ver un sector tan primario de la mano de la tecnología es admirable.

Por supuesto que he tropezado con algunos compañeros cavernícolas y muy bruscos pero cuando rascas un poco más allá de su apariencia, conoces aventuras fascinantes de sus vidas. Anécdotas mucho más que divertidas porque a diferencia del sector sanitario, entre ellos no necesitan tener más títulos para dar su opinión y sus historias personales son tan humanas y próximas como las de cualquier otro.

 

Escrito por: Adriana Sosa

Ilustrado por: Stephanie Herbiet

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2 Comentarios

  • Me ha gustado mucho. La temàtica es genial y muy acertada en los tiempos que estamos, la forma de escribir muy dinámica y fresca, en ningún momento se me ha echo pesado. En lo que se refiere a las ilustraciones, muy acorde con el texto.

    En resumen y desde mi punto de vista es un relato correctíssimo, fresco a la hora de leerlo y bastante ameno.

    Muchas felicidades a la autora, a ver si nos sorprende con un nuevo relato

    • Muchísimas gracias por tu comentario, Marc. Es un honor y un placer, recibir notas como la tuya.

      ¡¡Feliz lectura de este gran proyecto Cuentos para el Café!!

      ;-)

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