ene 16, 2012 - Relatos    3 Comentarios

Orgasmo de un pintalabios

Todas las noches abandonaba su hogar para dirigirse a las lúgubres y solitarias calles de la ciudad. Las noches eran frías y largas, molestas, infinitas e, incluso, desagradables. Vivía de noche y vivía de día, un ritmo muy difícil de conseguir pero imposible de dejar o, al menos, para ella. No podía creer en lo que se había convertido, pero todo aquello había nacido de una necesidad y se había convertido en el único medio de supervivencia.

Cuando todos estaban dormidos y en el hogar predominaba el silencio de la noche, se dirigía al baño para vestirse con aquellas ropas escasas y pintaba sus labios con una barra de un color rojo intenso. Ocultaba su secreta apariencia bajo un largo abrigo negro y, como cada noche, se despedía de los suyos para volver a las oscuras calles de Madrid.

Intentaba por todos los medios ocultar su rostro, pues no se sentía orgullosa de sus acciones y no deseaba que fuera descubierta y juzgada por algo que detestaba hacer. Detestaba su nuevo trabajo, pero amaba a su marido, amaba a sus hijos y aquello era el único modo de seguir caminando en un camino cargado de rosas con espinas.

Los clientes pasaban en coche, observaban sus pechos, sus caderas y, finalmente, le miraban a los ojos. Ella se avergonzaba de sí misma y rezaba, cada noche, para que la mañana llegara cuanto antes. Se acercaba a cada vehículo que se detenía, se situaba ante las ventanillas y esperaba a que le dieran el aprobado y la solicitaran como amante por unas horas interminables. Si la invitaban a que se montara en el coche extraía de su pequeño bolso la barra de carmín y se retocaba el color intenso de sus labios.

Las mañanas eran complicadas. Tenía que llegar a casa antes de que su marido despertara y descubriera la cama vacía, tenía que desvestirse y disfrazarse de madre con pijama recién despierta, tenía que preparar el desayuno de sus pequeños y despertarlos para que no faltaran a su cita diaria con el colegio. Tenía que ocultar su cansancio, su vergüenza, su malestar y todas aquellas preocupaciones que intentaba esconder en lo más profundo de su corazón.

Viviría cada noche preocupada por el hecho de que su marido descubriera su ausencia, su parte vacía de la cama; por el hecho de que uno de sus hijos enfermara y necesitara el consuelo de una madre que en aquellos momentos había desaparecido; preocupada por no aguantar más ocultando la mentira; por no poder volver a mirar los ojos de su hijos, de su marido y preocupada porque una noche la barra de color llegara a quebrarse y no pudiera volver a pintarse los labios para intentar seguir caminado en aquel camino de rosas con espinas.

Y la noche llegaba de nuevo.

Escrito por: Dani G. Broncano

Ilustrado por: Irene G Lenguas

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3 Comentarios

  • Muchísimas gracias por todo y por crear una web tan magnífica como esta. Me alegro de haber participado en algo como estoy y espero seguir compartiendo historias con vosotros. Me han encantado las ilustraciones, muchísimas gracias a Irene. Saludos.

    • Gracias a Dani. El esfuerzo de todos y vuestra creatividad son lo que hace que valga la pena seguir cada día con este proyecto. Un abrazo y sigue escribiendo que lo haces muy bien!

  • Una experiencia genial!

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