Drama, Relatos
1 Comentario Sólo él puede
Suena el pesado piano. Si pudiese ver las notas dispuestas sobre la brisa, las teñiría de los colores del atardecer, naranja, amarillo, algo de ocre. Las suaves bocanadas de viento serían mi metrónomo, las ramitas que él moviese, un componente de mi orquesta. El balanceo de esta mecedora formaría parte del ritmo de mi vida, porque el crujido de la madera antigua nunca sonó tan vital. Pese a todo, denota la fragilidad de un niño dando sus primeros pasos sobre el aire. Parece como si la edad sostuviese su peso, contenida por la gravedad, como la madre contiene a su hijo en el llanto; no igual a las lágrimas que fluyen cuando se pierde.
Otra vez el viento. Parece que la brisa se transformó en vendaval y hasta las ventanas de aluminio se resienten a la fuerza de sus golpes. Tus palabras retumbaron menos pero mi corazón no es de aluminio, ni de acero, ni de una aleación resistente al dolor. Mas sigue sonando y ni la palabra más bonita o mejor expresada podría describir la belleza del pesado piano. Sus notas se tornan graves ahora.
La sangre de un corazón roto no mancha, pero es caprichosa. A veces opta por encharcar los pulmones, extinguir la respiración, agotar el aire. Bloquea la entrada. El cerebro se colapsa. Metafóricamente mancha mis teclas. Amor sin instrumentar para extirpar las células vivas más diminutas del interior. Hay que entonar de nuevo esta parte.
La más gélida y congelada corriente no agrietaría la piel tanto como tus dedos. Desmigaste mi vida, al igual que descosiste cada hilo que nos unía, hasta las cortinas que protegían nuestra intimidad. Si tú quisiste… escúchame… si tú elegiste esta ladera, espero que se rompa la brújula y que pierdas el sendero, como yo he perdido el camino y las riendas de mis pies. Los pedales se mueven solos. No queda ni un rastro de vuelta.
Y que te pudras con las fotos del desván, que se mezclaron con la humedad y el tiempo. Que el moho tape cada uno de tus orificios y que carcoma tu existencia, como un cáncer, el mismo que me propiciaste. Y que la corriente de notas que emito te asfixie, porque la armonía de la melodía cada vez es más oscura. Nadie es capaz de interpretar tu obra, sólo mi piano.
Escrito por: Bea Baile
Ilustrado por: Miguel Ángel Bethencourt


http://www.youtube.com/watch?v=thG3qEdaY_4
Que cierren para siempre la calle del olvido.
Que te metan en ella para nunca verte.
Que no te valla bonito, que te valla de muerte.