Archive from marzo, 2012
mar 31, 2012 - Relatos    3 Comentarios

Romina

Miro su cuerpo desnudo y lo acaricio con la punta de los dedos, desde el cuello hasta los pies, como si tuviera que pedirle permiso. Respiro hondo, tomo valor y contemplo su cuerpo por última vez. Saco la navaja y empiezo de manera temblorosa a cortar parte de su muslo -nunca pensé hacerlo, mucho menos con mi novia, pero no conocía las reacciones del ser humano en una situación como esta-, me llevo a la boca el pedazo de carne esperando calmar el hambre. El sabor extraño invade mi boca, aunque ya empiezo a acostumbrarme, es el décimo día que como carne humana. Tenemos más de tres meses perdidos en las montañas, con fríos intolerables y al parecer nadie nos rescatará.

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mar 29, 2012 - Relatos    Sin Comentarios

Miradas

Laia, 32 años y muchas vivencias a sus espaldas. Hoy día es precavida, algo desconfiada y sobretodo melancólica. Lo último mas por placer que nada, pues para ella la melancolía es la habilidad de encontrar belleza en la tristeza y saber extraer los pequeños atisbos de placer diluidos entre los tristes recuerdos.

Laia no siempre fue así. De pequeña era atrevida y picara. Jugaba sin complejos aquí y allá como hicimos todos, con una ingenuidad realmente dulce. No había indicio alguno en su mirada de prejuicio ni desconfianza hacia los demás, y a decir verdad todavía no lo necesitaba.

Recuerdo aquella primavera de 1979. Por aquel entonces yo me había mudado a mi nueva casa en las afueras, a tan solo veinte minutos andando de la universidad, donde durante los próximos cuatro años iba a hacer mi doctorado en ciencias ambientales y a colaborar en un proyecto pionero en Cataluña sobre la potabilización de aguas salinas en colaboración con el instituto Japonés del agua. Por las mañanas, me quedaba en casa trabajando y por la tarde acudía a la universidad. Una formula estupenda que me daba la posibilidad de gestionar mi tiempo y disponer de grandes ratos de soledad muy productivos.

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mar 26, 2012 - Relatos    6 Comentarios

Él simplemente sonrió

Ella estaba nerviosa, muy nerviosa, era la gran noche, por eso la había invitado a un restaurante tan elegante y romántico; cuando le dijo donde cenarían ella supo, sin lugar a duda, cuáles eran sus intenciones; todo había salido tan bien hasta ahora, ¿Por qué tenía que acabarse?.

Durante la cena él no dejó de pensar en lo mucho que la amaba, ella pensaba en que daría todo por él pero todo terminaría en esa misma mesa, con un poco de suerte después del postre. Tomó todos los buenos recuerdos, empacó los mejores e hizo sus maletas para volar lejos de esta relación.


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mar 22, 2012 - Relatos    1 Comentario

Los Anoraks de la avenida del pino

Todos los vecinos se enteraron del asalto a don Néstor en Semana Santa. Cuando alguien iba en busca de atún enlatado o queso para la Cuaresma, se topaba con aquella cartulina y el letrero de “Cerrado hasta nuevo aviso”.

Todos comenzamos a ir a otras tiendas. Yo opté por una mujer que me quedaba una cuadra más lejos que Don Néstor, relativamente bien surtida, aunque vendía muy caro. Fue en mis ocasionales visitas a esa tienda que presté atención a la mercería de Gertrudis Palominos, pues quedaba de camino. Daba clases de tejido si uno le compraba el material. Antes de ella tuve un par de maestras de tejido, pero las abandoné. Me gustaron unas madejas de Merino y comencé a ir a sus clases. Me parecía una mujer misteriosa, bastante ensimismada. Leer más »

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mar 19, 2012 - Uncategorized    Sin Comentarios

Medio año de Cuentos para el Café

Parece mentira que haga 6 meses desde que el día 20 de Septiembre anunciáramos el inicio (con publicaciones de forma ininterrumpida) de Cuentos para el Café. Y es que lo que surgió un día como una conversación de verano, rápidamente se convirtió en una realidad, y así como quien no quiere la cosa, en menos de dos meses pasamos de una idea a un proyecto real.

Sois muchísimas las personas que nos habéis apoyado en este tiempo, habéis aportado relatos, ilustraciones, comentarios, sugerencias, os habéis leído los relatos publicados, habéis compartido nuestro proyecto y lo habéis difundido. En definitiva, sois los creadores de Cuentos para el Café, y os estamos mucho más que agradecidos por ello.

Tenemos algún que otro “proyectillo” en mente para hacer crecer Cuentos para el Café y esperamos compartirlo con vosotros pronto. De momento, a parte de daros la gracias todas las veces que haga falta, queremos plasmar en números lo que ha sido Cuentos para el Café en estos primeros 6 meses.

Hasta hoy hemos contado con la colaboración de 28 escritores y 35 ilustradores, gracias a los cuales hemos podido publicar 49 relatos ilustrados. Han visitado nuestra web  5292 personas un total de 9819 veces, leyendo 28730 páginas destinando una media de 2 minutos 50 segundos por visita. Tenemos 223 seguidores en Facebook  y 386 en Twitter.

Tenemos visitas de muchos paises distintos, lo que óbviamente sólo es posible gracias a la difusión que vosotros mismos hacéis del proyecto:

Sinceramente, estamos abrumados con todos estos números y nos cuesta creer que lo que nació como una conversación de verano se haya convertido en esto, y tenemos la esperanza de que esto sólo sea el principio. Estamos encantados de ver que todos vosotros compartis la misma ilusión que nosotros, ya que al fin y al cabo, este tambien es vuestro proyecto, y sin vosotros Cuentos para el Café seguiria siendo una conversación de verano.

Muchísimas gracias,

Emili, Pol y Mercè

 

 

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mar 15, 2012 - Relatos    Sin Comentarios

La señorita Carolina

“Detenidas la educadora infantil y la directora de la Escuela Mare de Déu del Roser de Barcelona por la extraña desaparición de un niño de cinco años”.

La señorita Carolina tiene ya cerca de setenta años, pero todos los alumnos, profesores y monjas de la escuela siguen llamándola señorita.

Hace más de cinco años que cobra una importante jubilación y goza de una apacible buena salud, que le permitirían disfrutar de una vejez respetable, pero ella sigue acudiendo cada día al colegio del barrio, al lado de su casa.

Sus cabellos grises, que antes recogía en un moño con adornos de color plata, han perdido algo de vitalidad, y el dolor de pies y de espalda muchas veces le acompañan en todos sus quehaceres diarios. Las monjas, la nueva directora joven, los padres, todos le insisten en que se vaya a casa, que ya ha cumplido, que la naturaleza le pide paso.

Pero la señorita Carolina no se rinde. Moriré al pie del cañón, siempre les dice. Leer más »

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mar 12, 2012 - Relatos    3 Comentarios

Nuestro apacible Boulevard

La calle presentaba la misma estampa que una canción de Lou Reed. Las putas estaban en su sitio, el sol en lo alto y el asfalto quemando nuestros pies.  Nadie movería un dedo por ti llegado el caso, y sabiéndolo, eso te hacía fuerte.

Tras unos años de entrada a lo grande bajo el arco de triunfo, la heroína ya no era una novedad a tener en cuenta, sino un viejo conocido al que dar de comer todos los días, invitado a cenar quisieras o no. Ya no quedaba más remedio que darle cobijo día sí, día también. Era la vida que habíamos elegido, y el Verano del Amor para nosotros no era más que el Verano del Desengaño, el momento de hacerse mayor y mandar al garete una juventud que se acababa con diecisiete. 1969 se terminó antes de empezar para nosotros, y después de todo, vivir rápido pasaba factura pronto. Lo aprendimos en las calles, y nuestros ojos de anciano en cuerpos de niño eran lo único que se atrevía a gritarlo.

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mar 8, 2012 - Drama, Relatos    3 Comentarios

La mujer ideal

Ya sé que pretendés otra cosa, siempre pasa, los hombres me rechazan por las mismas razones.

No puedo tocarte, murmurar cosas obscenas en tu oído, no puedo desvestirte ni montarte, no puedo ser la madre de tus hijos.

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mar 5, 2012 - Uncategorized    2 Comentarios

¿Entonces…?

Soltó el embrague, despacio. Aceleró, despacio. Empezó a recorrer las calles de la ciudad sin ningún semáforo en rojo en el que pararse. Esa noche había llovido, no mucho, pero lo suficiente como para que el suelo estuviese algo mojado y se notase que algo había llovido. La luz era escasa en algunas zonas, y abundantes en otras. Mientras cruzaba la ciudad de una punta a la otra iba concentrándose solamente en lo que tenía delante. El camino se lo sabía de memoria, casi como el de su casa. Quizá por eso, dejó de pensar a donde iba, por un segundo. Quizá dos.

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mar 1, 2012 - Relatos    10 Comentarios

El tren del deseo

Subí al tren buscando el compartimento que me correspondía, arrastraba la maleta con dificultad por el pasillo, pidiendo perdón a todo el que arrollaba con ella, por fin lo encontré mirando el billete y el número en la puerta.

Había escogido viajar de noche y cómo tenía ésa fantasía de ir en un compartimento con cama, aunque lo tuviera que compartir, no miré el precio, quería darme ése gusto.

Después de mucho pensar había decidido aceptar la invitación de mi amigo Carlos, e iba a visitarlo a su ciudad, unas 7:30h de viaje y así aprovechar más el tiempo de mi corta estancia y dormir durante el viaje, pero no sabía que mi sueño sería muy distinto al que imaginé.

La puerta estaba cerrada por lo que piqué con los nudillos y la abrí, no había nadie, lo encontré raro, pero me alegré, así estaría a mis anchas. Acomodé la maleta como pude y me senté en uno de los sillones que por arte de magia se convertían en camas, había sitio para cuatro personas, yo me senté junto a la ventanilla

Cuando giré la vista, la mujer ya estaba sentada enfrente  de mi (aprovechando que estaba rebuscando algo en su bolso con mucho afán), empecé a sentir realmente su presencia; era una mujer muy atractiva de unos cuarenta años más o menos, se notaba que tenía  clase, poder adquisitivo; por su ropa, la alianza de brillantes que llevaba en su dedo anular, su bolso de marca, su perfume envolvente. Era morena de melena larga y lacia, perfectamente maquillada, pero sin parecer una máscara, me llamó la atención sus manos, sus preciosas uñas (algo que me siempre me llamó la atención en las mujeres), de una longitud perfecta a igual que su manicura de rojo pasión y posé mis ojos en sus zapatos, otra de mis manías, llevaba unas sandalias de finas tiras de cuero entrelazadas con adornos de colores no muy llamativos y que cerraban en su fino tobillo, con un tacón altísimo, como a mi me gustaban, subí lentamente la mirada desde su tobillo del que colgaba una fina cadenita de oro, por sus piernas, bronceadísimas de piel suave y brillante hasta sus muslos, llevaba un mini vestido, sencillo y a la vez elegante que le ceñía su exuberante cuerpo y un generoso escote, de su cuello prendía un colgante que me llamó la atención, parecía valioso, de cadena de oro blanco del que prendía un ónice que en su centro llevaba la letra E que me pareció que eran minúsculos brillantes que iba a descansar entre sus pechos, ella seguía sacando y metiendo cosas de su bolso, y miré su rostro, era guapa, de labios carnosos naturales, una nariz proporcionada, y unos ojos color miel ribeteados por unas espesas pestañas fruto del maquillaje.

 

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