Archive from abril, 2012
abr 30, 2012 - Relatos    3 Comentarios

Cuando caen las primeras hojas

Por fin han llegado esos días en los que parece que va ocurrir algo que jamás habías pensado.
Ahora, por las noches, necesitas más que una sábana para protegerte de la brisa nocturna; necesitas mínimo una mantita ligera y a veces, incluso, puede que necesites cerrar la ventana de la habitación.

Otoño es diferente… Es una estación mágica. No es tan cursi como la primavera, ni tan escalofriante como el invierno; pero es especial. Los árboles se van desnudando poco a poco, y las calles empiezan a recobrar un color miel a las cuatro de la tarde, que es asombroso.

Tienes ganas de llorar, y de sonreír; llueve y también hace sol; hace frío pero el Sol nos hace un guiño al mediodía; vamos con chaqueta pero intentamos deshacernos de ella lo más rápido posible.

Por las mañanas, cuando el gris inunda la ciudad y desde mi ventana, tras la cortina, observo el nuevo día, y me pregunto ¿porqué me maravilla tanto el otoño?, únicamente es una estación más…

La nostalgia de años pasados, los otoños anteriores, los que tanto me hacían pensar… los que me daban escalofríos; aquello sí era mágico.

Rojo profundo, ocre eterno, chocolate desecho, explosión de naranja, acabado en mate, brillo por dentro. Las hojas caen y un soplido descarado me levanta la falda. Soy feliz, ¿a quién le importa? Para mí, había llegado el otoño.

 

Escrito por: Loli Moskovkaya

Ilustrado por: Cristina Ferrer

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abr 25, 2012 - Relatos    Sin Comentarios

Orgasmo de una muñeca de trapo

La mujer de pelo cano y vestimenta de color negro limpiaba con delicadeza las estanterías de la pequeña habitación en la que, a simple vista, solamente había una cama arrimada a una de las paredes, varias cajas de cartón en el suelo de la sala, una bolsa de plástico llena de cosas estropeadas e inservibles y aquellos escasos muebles que limpiaba con un húmedo paño de cocina. Hacía tanto tiempo que no pisaba aquella casa que había olvidado el olor de sus muebles, de su suelo y de sus paredes. Un olor que estaba cargado de recuerdos de infancia, juventud y madurez, cargado de vidas completas. Aquellas paredes se habían convertido en el espejo de su vida.

La anciana finalizó su tarea de limpieza y se dirigió hacia un pequeño mueble que había al lado de la cama. Era un mueble de antigua madera, compuesto por una puerta y varios cajones a uno de los lados. Inclinó su cuerpo lo mejor que pudo, intentando superar las barreras que el tiempo había puesto en su camino, y abrió la pequeña puerta de madera. Varios objetos pudo encontrar tras aquella lámina de madera pero solamente uno de ellos le regaló un puñado de pensamientos que jamás habría imaginado que tendría.

-Mamá ya he terminado de vaciar todas las cajas del maletero.-una mujer de unos cuarenta años entró en la habitación sorprendiendo a su madre inclinada ante un pequeño mueble de madera.

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abr 23, 2012 - Relatos    3 Comentarios

Alternativa

Cariño, no sé que ha podido pasar…están todos muertos…pero siguen en pie. Te escribo esta nota porque sé que me buscarás, espero que lo hagas…quiero pensar que no te has convertido en uno de ellos.

Cuando mi hermana regresó del trabajo me contó lo que estaba sucediendo. Su compañero Luis había entrado en la oficina con un comportamiento muy extraño, algo le había sucedido en la calle con unos niños, él no se encontraba bien, estaba confuso. Cuando los demás empezaron a tomarle en serio ya era demasiado tarde, algunos se habían contagiado y otros salieron huyendo sin pararse a pensar demasiado, solo en sí mismos.

Después de relatarme todo lo que había ocurrido en su trabajo, no pasaron ni cinco minutos cuando mi hermana empezó a vomitar sangre y me obligó a encerrarla en la tienda. ¡Dios! ¿Por qué lo hice? Yo…podría haberla ayudado pero no me dejó, estaba histérica y ni siquiera me dejó tiempo para reaccionar. Antes de echar el candado pude coger varias armas y munición. Todavía no sabía a qué me iba a enfrentar fuera…

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abr 19, 2012 - Relatos    Sin Comentarios

La librería

Llenaba toda la estancia. Era imposible no verla, no olerla, no sentirla. Era robusta, grande, muy grande y señorial, y sin embargo, parecía delicada y volátil. Al acercarme, dos sentimientos se agolpaban en mi mente, esa ilusión infantil, tan sincera y fresca, y al mismo tiempo, miedo, un respeto casi reverencial. Hacía muchos años que no la veía, pero en aquel instante hoy era ayer.

El polvo cubría todos sus rincones, aunque se notaban marcas recientes. Quizás yo no había sido la primera en llegar. El sol de la mañana alumbraba una esquina, estábamos en noviembre. Caía solitario, triste y sin quemar, calentando los cuerpos más tristes.

Tenía que pasar, no podía quedarme en el umbral toda la mañana. Aunque mi cabeza daba vueltas, mi mirada no podía apartarse de ella. Cuantos recuerdos, cuantas vivencias, cuantas historias encerraban aquellas paredes. Las estanterías superiores miraban a las inferiores, como se mira a un hermano mayor, con orgullo y envidia a la vez, con esperanza y con paciencia. Mis ojos se fueron hacia abajo, podía vislumbrar todos aquellos libros antiguos, aquellas interminables enciclopedias por tomos. Poco a poco, me fui acercando. Mis ojos pasaron de la última estantería a la segunda y casi inconscientemente, fui adentrándome en un mundo que no quería, un mundo que me traía recuerdos, un mundo muy lejano en la memoria, y del que irremediablemente saldría dañada.

Ya la tenía delante. Pero no ésta polvorienta y ajada, si no la de verdad, aquella librería de mi juventud.

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abr 16, 2012 - Drama, Relatos    4 Comentarios

Dos vidas para la felicidad

Inmediatamente después de que cayeran las últimas hojas, llegó el invierno, y con él, los recuerdos de vidas pasadas; recuerdos que mantenían caliente al corazón. Pareció que hubiese pasado toda una vida, pero lo cierto es que el tiempo se esfumó, como las últimas hojas. Y todo volvió a ser como lo fue antes, desde un buen principio…

El mundo y el miedo. El verbo y el amor. Nadie dijo que fuera fácil. Es más difícil huir; echar a correr. Es más fácil quedarse y vivir callando. Pero no todo puede callarse. Al final el silencio puede llegar a matarte.

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abr 12, 2012 - Relatos    1 Comentario

Ministros

Es duro trabajar para el Ministerio. La gente no tiene ni la menor idea de la carga que supone. Sé que hay quien critica el papel de ministro, alegando que tan solo requiere una firma. “Tan solo una firma”, dicen. “Trabajo de niños acomodados”, dicen.

Qué sabrán ellos.

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abr 9, 2012 - Relatos    Sin Comentarios

Pasiones perversas

Se ven humanos en una jaula, atrapados en un camino a la extinción de los sentimientos, los cuales nunca valoraron, arrojándolos a la basura como un instrumento vencido.

No hay nadie en las calles, ya nada tiene sentido, sintiéndose tan solos durante las noches, como si fuesen espectros seguros de que caminaron por el camino correcto,

sin estar convencidos por completo.

- Pero nadie quiere estar solo, todos quieren un poco de buena voluntad, aunque sean un caso perdido, están seguros de que sus sentimientos fueron reales, temiendole a la oscuridad.

Liberados durante una tormenta, con el deseo de volver a sus casas, ser llevados por un camino hermoso, como si fuese un sueño hecho a medida del que no quieren despertar.

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abr 5, 2012 - Relatos    1 Comentario

Cinco fragmentos de eternidad

No más arriba, ni más abajo, no esa mentira hacia la que todos vamos, sino su retroceso, su deconstrucción.

Estábamos viviendo todas en una misma casa, y por casa quiero decir cuerpo, y por cuerpo herramienta, y por herramienta “qué se yo”. Al final no es que nos importara, pero pareciera haber entre las palabras, un motivo de redención. Cada una tenía a su hombre, a aquél oyente en la espera de alguna maravilla, o aquél bastardo, aburrido de tan poca imaginación. El favorito de todas era el príncipe que jamás podría ser de ninguna, y es que, aunque se convencieran mutuamente de la atrocidad de volverse locas por un imposible, la clave estaba en que todas, al menos una vez, ya habían perdido la cabeza, y ese estado alegórico de conciencia, en donde era la muerte lo que daba vida, era donde mejor se habían sentido. Entonces anhelaban esa locura, a ese hombre capaz en todos sus extremos, de ser el más incapaz para cada una de ellas.

La más grande recomendaba a todas tomar mucho café, para mantenerse alerta de cualquier daño que pudiera salirse de control, pero las otras cuatro, salvo una, distraída por falta de discurso, eran cínicas en toda cuestión perteneciente al corazón, y no es que fueran despiadadas, pero las tristezas les venían bien, según decían, para agilizar la mente y tener un poco más de matices en un mundo que no por nada nos demuestra el color.

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