Relatos
Sin Comentarios Orgasmo de una muñeca de trapo
La mujer de pelo cano y vestimenta de color negro limpiaba con delicadeza las estanterías de la pequeña habitación en la que, a simple vista, solamente había una cama arrimada a una de las paredes, varias cajas de cartón en el suelo de la sala, una bolsa de plástico llena de cosas estropeadas e inservibles y aquellos escasos muebles que limpiaba con un húmedo paño de cocina. Hacía tanto tiempo que no pisaba aquella casa que había olvidado el olor de sus muebles, de su suelo y de sus paredes. Un olor que estaba cargado de recuerdos de infancia, juventud y madurez, cargado de vidas completas. Aquellas paredes se habían convertido en el espejo de su vida.
La anciana finalizó su tarea de limpieza y se dirigió hacia un pequeño mueble que había al lado de la cama. Era un mueble de antigua madera, compuesto por una puerta y varios cajones a uno de los lados. Inclinó su cuerpo lo mejor que pudo, intentando superar las barreras que el tiempo había puesto en su camino, y abrió la pequeña puerta de madera. Varios objetos pudo encontrar tras aquella lámina de madera pero solamente uno de ellos le regaló un puñado de pensamientos que jamás habría imaginado que tendría.
-Mamá ya he terminado de vaciar todas las cajas del maletero.-una mujer de unos cuarenta años entró en la habitación sorprendiendo a su madre inclinada ante un pequeño mueble de madera.
-¿Te acuerdas de esta muñeca, cariño?.-dijo la anciana levantándose del suelo y mostrando a su hija una vieja muñeca de trapo que sujetaba entre sus manos. La muñeca estaba llena de polvo y tenía varias zonas descosidas, que la dotaban de un aspecto un tanto terrorífico.
-No, no recuerdo esa muñeca.-dijo dirigiéndose hasta las cajas de cartón que había en el suelo de la habitación y deseando dar por finalizada la pesada mudanza. –Cuando terminemos con esta habitación me pondré con las cajas que he quedado en el patio, ya casi estamos…
-Pasabas horas jugando con ella y ahora ni siquiera la recuerdas. -interrumpió a su hija sin apartar la mirada de la muñeca. -Hubieras dado lo que sea en aquellos momentos con tal de que tu muñeca estuviera a salvo. Observa, este brazo tuve que coserlo varias veces porque…
-Mamá no estamos para perder el tiempo hablando de una muñeca vieja. Deshazte de ella porque ya no sirve para nada.-dijo mirando la bolsa de basura que había en el suelo. La anciana, sin decir ni una palabra, cruzó la habitación hasta llegar a la bolsa de plástico y dejó que la muñeca cayera en su interior.
Ambas continuaron con la limpieza de la habitación, vaciaron todas las cajas y colocaron todo lo que había en su interior por toda la sala y un tiempo más tarde dieron por válido el arreglo de aquella sala. La anciana se quedó observando el resultado final mientras que su hija se llevó la bolsa de plástico donde habían depositado todo lo que consideraron basura.
Unos días después la casa ya estaba completamente preparada para volver a vivir en ella y sus tres inquilinas ya se habían instalado definitivamente.
La anciana estaba sentada en uno de los sillones del salón, la luz del día entraba por la enorme ventana que se comunicaba directamente con la calle del pueblo y el único ruido que había en el lugar era el que se producía cuando la aguja, que sujetaba la mujer en una de sus manos, atravesaba la delicada tela de una vieja muñeca. Ya había realizado varias veces aquella tarea en el pasado, pero nunca la había realizado con tanta ilusión como aquella vez. Había dado muchas posibilidades a la muñeca de tela, pues había cosido sus brazos y piernas tantas veces como su hija había deseado. Llegaba con la muñeca en las manos y con un accidente inoportuno narrado entre suspiros y lágrimas en la cara. Antes solamente la había arreglado de un accidente inoportuno pero aquellos momentos la había salvado de una bolsa de plástico llena de basura.
-¡Hola abuela!.-una pequeña niña de cinco años entró saltando y sonriendo en el salón.-¿Qué estás haciendo?.-preguntó al verla tan concentrada en aquella tarea que parecía tan complicada.
-Estoy arreglando una antigua muñeca que pertenecía a tu madre cuando era tan pequeña como tú. Los años han hecho que algunas de sus partes queden descosidas o llenas de polvo…
-Abuela, ¿y por qué quieres arreglar esa muñeca tan vieja? Está sucia…
-Quiero darle una segunda oportunidad. Ha pasado mucho tiempo jugando con tu madre y no creo que sea justo que termine olvidada en una bolsa de basura.-dijo sin apartar la mirada de la muñeca. -Que sea vieja no significa que no sea valiosa.
-¿Mamá…jugaba con esa muñeca mucho tiempo?.-preguntó la niña, sorprendida, al escuchar las palabras de su abuela.
-Tu madre se pasaba las horas con esta muñeca. Ha crecido junto a ella y, ahora, sin embargo, no consigue acordarse de ella. Piensa que es vieja y que ya no sirve para nada. Quiso tirarla a la basura, pero la recuperé para que alguien pueda volver a utilizarla…
-¿Y quién puede volver a utilizarla, abuela?
-Pues quien sepa valorarla y hacerla sentir de nuevo útil. No sé a quién podría interesarle…-la anciana formó una leve sonrisa en su rostro, supo que el interés de su nieta por jugar con la muñeca crecía a medida que la conversación avanzaba y continuó cosiendo.
Unos minutos después la mujer de cuarenta años entró en el salón y observó a su madre sentada en uno de los sillones y a su hija sentada en las piernas de la anciana. La niña tenía en sus brazos la muñeca de tela que días antes ella misma había ordenado tirar a la basura.
-Mamá, mamá.-exclamó la niña saltando de las piernas de su abuela y corriendo hacia su madre. –Mira lo que me ha regalado abuela. Es la muñeca con la que jugabas cuando eras tan pequeña como yo. Es vieja y está sucia, pero eso no significa que no pueda jugar con ella…
La anciana observó, orgullosa, la escena que protagonizaban sus niñas más queridas y supo que había hecho bien en rescatar aquella muñeca y darle una segunda oportunidad. Miró a su hija y observó cómo sonreía a la pequeña, ilusionada con su nuevo juguete. Ambas mujeres se miraron y se dedicaron la mejor de las sonrisas.
Y en medio de aquel salón quedaron valoradas las cosas rotas y viejas, se cosieron las roturas y desperfectos creados por el paso de los años, dieron nuevas oportunidades a las cosas que habían dado por perdidas y, sobretodo, tuvieron el valor de rescatar una vieja muñeca de tela de la basura y regalarle, una vez más, una nueva oportunidad.
Escrito por: Daniel G. Broncano
Ilustrado por: Raquel Durán

