Archive from mayo, 2012
may 31, 2012 - Relatos    Sin Comentarios

Tu felicidad

De que el objetivo principal de mi existencia sería tu felicidad me enteré nada más notar tus primeras patadas en mi vientre. Fue un lunes de enero, mientras tomaba una hamburguesa y una fanta de limón en el Burger King de las Ramblas -nunca seguí a rajatabla los consejos de las revistas sobre alimentación-. Ahora, años después, sigo en mis trece.

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may 28, 2012 - Relatos    Sin Comentarios

Querernos en los azules

¿Y si nos quisiéramos en los azules?, ¿qué ocurriría si desafiáramos al tiempo que está escrito?

¿Qué es arte?

Para mí tú eres arte. Y la playa, y muchas otras cosas más.

Se llevarán nuestros sentimientos y los aporrearán hasta que sangren, pero jamás podrán robarnos el amor que dejamos pintado en los azules. Y tus ojos dejarán de contemplar el mundo de la misma forma que lo habían hecho hasta ahora y decidirán viajar hasta la rebeldía, hacia ese extraño lugar que amamos, hacia los muchos mundos que nos caben en los bolsillos de nuestros olvidados ropajes.

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may 21, 2012 - Drama, Relatos    Sin Comentarios

Muros de papel

“Eso que llaman el amor es el exilio,
con una postal del país de vez en cuando”
.
 (Samuel Beckett)

Subí las escaleras inseguro, cogiendo de la mano a Floyd y me presenté delante de una puerta blanca con pegatinas de colores. Llamé a la puerta, fijándome en el pomo redondo y dorado y allí me recibió una chica joven y sonriente que me invitó a pasar. Inseguro del todo –siempre he desconfiado de los sitios con paredes de colores, como los de las paredes de esa planta- la seguí hasta una habitación grande, donde tú me esperabas mirando la televisión con cierta desgana. Me miraste, me estudiaste por arriba y abajo y abrazaste a Floyd sin mi consentimiento. Recuerdo que lloré en silencio, Floyd, mi peluche, era mío y sentí cómo prostituías mi infancia. Tu hermana al ver el atroz espectáculo de la lluvia de mis ojos, te obligó a devolvérmelo, aunque nunca más mi fiel compañero volvería a ser el mismo.

Caminaste hasta un patio de moqueta azul, donde había cajas de cartón apiladas, formando una semejanza de castillo. Sé mi príncipe, me dijiste. Callé y me quedé mirando una de las paredes del castillo, acepté a serlo pese a que siempre odié ser el algo de alguien. Nunca he aceptado ser el niño de o el amigo de… mi personalidad siempre se ha visto ignorada por las demandas de los demás. Sumiso ante ti, asentí con un leve movimiento de cabeza. Seguro que hoy día mantienes la misma frialdad que entonces; automáticamente cogiste un Simba, le pusiste encima de tu litera y nos casó sin miedo a nunca separarnos. Floyd, convertido en mi fiel escudero desde hacía menos de quince minutos, presenció como testigo la boda, imperturbable ante la frialdad de tus gestos.

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may 14, 2012 - Ficción, Relatos, Terror    1 Comentario

La hija del diablo

El diablo no podía dar crédito a lo que escuchaba. ¿Cómo era posible que su hija, la más bella y atrevida de todas, estuviera diciendo esa sarta de tonterías? Nunca jamás, desde la historia de la creación del Universo, desde el destierro sufrido a manos de Miguel, se había escuchado semejante barbaridad: mire que casarse no era cualquier cosa y ya era mucho, pero encapricharse con hacerlo de blanco, eso sí que era una tremenda falta de respeto por todas las leyes, normas y reglamentos habidos y por haber. Aunque, claro, tenía que admitir que tal despropósito no podía venir de nadie más que de su hermosa hija que hacía honor a su gran nombre: Soberbia. Definitivamente era eso, una enorme y descomunal soberbia lo que recorría a su hija y a su deseo insano, demoníaco, cual era su naturaleza. Sin embargo, el diablo estaba realmente desconcertado y no sabía qué hacer o qué proferir para hacerla desistir de su cometido:

-Mira, hija, entiendo que quieras dar al traste con todo, que tengas una razón comprensible para desatar el caos universal y causar el mayor estrago posible a la creación divina, pero todo tiene un límite. Hasta nosotros mismos tenemos que permanecer encerrados de vez en cuando en este infierno aunque nos pese.

Con ésas y otras muchas palabras semejantes, el diablo casi le rogaba a su hija que cambiara de parecer, que se le ocurriera otra cosa, pero no ésa. Que vamos a hacer el hazmerreír de los avernos, que se armará una revuelta demoníaca para derrocarnos del poder, que hasta se burlarán los Ángeles y los Arcángeles al ver ganada lo que supondrán su partida. Mas la hija echaba en saco roto cualquier preocupación de su padre. Ella estaba decidida a casarse. Y lo haría de blanco, punto.

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may 3, 2012 - Relatos    4 Comentarios

Canción de despedida

Pequeñas perlas saladas daban cuenta de su sufrimiento. Emanaban del manantial de sus ojos y se deslizaban por sus mejillas rosadas, formando pequeños riachuelos que continuaban el curso de su rostro e iban a morir por debajo de su cuello.

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