jun 4, 2012 - Relatos    Sin Comentarios

La captura

-Papá, esto es muy aburrido.

-Compréndelo hijo, ¡teníamos que escapar de tu madre! Tiene la asombrosa capacidad de convertir el día de la limpieza en un maratoniano entrenamiento militar…

Los dos rompieron a reír. El brillo de felicidad que Carlos tenía en su mirada hablaba por sí mismo. Sentía que por culpa del trabajo no pasaba muchos momentos con su hijo y lo cierto es que su pequeño estaba creciendo más deprisa de lo que él deseaba.

Aún recordaba esos días en el pueblo cuando su propio padre, un leñador de los de toda la vida, lo llevaba con él a pasar largas temporadas perdidos en el bosque. Podría escribir un libro con las anécdotas que pasaron juntos, como cuando acamparon junto a un peregrino británico que por error había comido unas setas alucinógenas, el pobre había decidido quedarse a vivir allí rodeado del “mucho verde”… O cuando, alertados por unos ruidos extraños, creyeron estar viviendo un encuentro paranormal y sólo era un granjero que se había quedado dormido en su tractor…

Ya habían pasado más de veinte años y los tiempos, como suelen decir los mayores, eran muy diferentes. Carlos era jefe de marketing en una empresa de software y el escaso tiempo libre del que disponía era poco más que su bien más preciado.

-Mira papá esto no funciona, llevamos aquí una hora y no he conseguido nada, se me da fatal ¡y encima no me gusta nada!

-Nacho, la pesca puede parecerte algo pesado o aburrido, pero eso es al principio, además, tienes que mirarlo de otra forma. Te vinculas con lo más simple y bello de la vida: la naturaleza. Tienes que mirar a tu alrededor y pensar que no solo se trata de capturar al pez, sino de “capturar el momento”.

-¿Capturar el momento? –Nacho tenía las cejas alzadas-. –Desde luego, a los padres no hay quién os entienda. Bueno, vale -dijo sonriendo al cabo de un instante. Veía a su padre tan ilusionado que tampoco quería decepcionarle-.

-Bien, ¿la paciencia es una virtud, no? pues pescando tendrás que cultivarla. Aprendes a esperar, a disfrutar del paisaje y, con una pizca de habilidad, obtienes tu recompensa…

Imbuido por las palabras de su padre, Nacho empezó a sentir los tirones de su caña.

-Un momento, ¿esto qué es? ¿Ha picado? ¡Si! ¡Papá, ha picado!… ¡Espera, que tiro del carrete!… ¡Lo tengo! ¡Lo tengo!

Carlos no pudo sentirse más orgulloso. Su hijo había pescado por primera vez y él había capturado ese momento.

 

Escrito por: Maria de Gracia

Ilustrado por: Nieves Cordoba

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