Relatos
Sin Comentarios San Vito
Las aglomeraciones son un arma de doble filo para Pablo. A veces, le proporcionan una idea sobre la que escribir, un hilo conductor del que luego tira hasta desmadejar un relato. Pero la gente, más temprano que tarde, acaba por incomodarle. Y, cuando ese momento llega, sólo desea que callen, que paren de moverse o lo que sea que estén haciendo que le distrae; le entran ganas de coger ese hilo argumental recién descubierto y enroscárselo alrededor del cuello con fuerza; no tanta como para ahorcarlos; sólo lo imprescindible para que callen un rato y él pueda finalizar ese párrafo que tiene en la punta de su pluma y que… ¡vaya! un bache en el pavimento hace botar el vehículo en el que se ha instalado a escribir y se le ha emborronado un renglón.
“Sólo a mí se me ocurre escribir sentado en un puñetero autobús.” Piensa. Luego mira de reojo al tipo que se ha sentado a su lado y que también observa por el rabillo del ojo su libreta para ver si pilla algo de lo que escribe.



